sábado, 22 de noviembre de 2008

Set me free

El llego un día. Era febrero. La radio anunciaba lluvias. La gente se iba, no se a donde, pero se iba. Jugaban a ser invisibles. Tenía una perspectiva de la situación y pensaba en muchas cosas mientras caminaba en su primer cuadra de libertad. La libertad que había anhelado toda su vida, había llegado, sin demasiados preparativos, lo que la hizo aun más excitante. Buscaba, se buscaba, se encontraba raro, extraño, perdido, extraviado, sensacional. Todo eso había llegado, y en total libertad, pensaba y dejaba fluir sus impulsos.
Su plan, su anhelado plan, estaba ahí, estaba dentro de el, lo estaba haciendo, y nada ni nadie podía ponerse delante de él. Nada ni nadie se atrevió a hacerlo. Era él y el mundo, solo ellos dos, se estaban conociendo, era su primer encuentro. El soñaba con eso, el momento en que se parase frente a todo lo demás, y de igual a igual, se presente. Iba a ser genial y de hecho lo fue.
Todo consistía en independencia. Empezaba y terminaba con eso. Podía lograrlo. Él lo sabía. Tenía que animarse a dar el paso mental que lo haga hacerse cargo de sí mismo, de sus actos. Creía que esa es la parte más difícil, el autocontrol, el saber que si no lo hacia él, nadie lo va a hacer. “Es el mundo que me toco”, pensó mientras miraba y veía que todo a su alrededor, estaba mal. Todo estaba hecho para que el pueblo defienda a los hijos de puta que son dueños de todo y nos tratan como esclavos y nosotros inconscientemente defendemos sus privilegios. El sabia que todo estaba al revés, absolutamente todo, sin embargo se lanzo a tratar de lograr algo que lo haga crecer como persona. Era posible, siempre se puede. Solo hay que encontrar la forma, de no ser una maquina por un momento.
Llegó a las nueve de la noche, las lluvias nunca llegaron. La gente nunca se fue. Fue un momento, una ráfaga, en la que todo pareció distinto. La gente no se iba, se iba él. Se iba de lo anterior, quedaba ahí, para no volver, para no añorar, para no extrañar. Dejo sus bolsos y salió. Fue a conocer su nuevo hogar. Spinetta le cantaba Maribel se Durmió al oido. Era más grande de lo que creía. Lo conocía, mucho, pero no sabía que era así, que se escuchaba así, que se veía así. Tenía una imagen algo rara, distinta. Su nuevo hogar y él se llevaban muy bien. El se sentía aceptado y sabía que no tenía que hacer nada para que el lugar y la gente lo acepten. Estaban en el, desde hacía mucho, y nunca se iban a separar. Supo que era la persona más afortunada del mundo, que todo era para él, y todo tendía a ser como el necesitaba que sea. Aceptó esa responsabilidad. Y aun la acepta.
El creyó que con eso le iba a bastar para ser la persona más feliz del mundo. Todavía le faltaba lo mejor. Y quizás eso llegó. Eso que nunca le importó demasiado, llegó.
YO, creí que todo terminaba en mi. Pero por suerte para mí y mi visión de la vida, me equivoque. Todo empieza en nosotros. Todo empieza cuando creemos en la existencia y la necesidad de formar el NOSOTROS.
Ahora se de que hablaba Lennon. Ahora se de que hablaban todos los que hablaron de eso. Quizá en algún momento de mi vida lo supe, pero de a poco dejé de creer. Y ahora, vuelvo a creer.

1 comentarios:

NETTIE MOORE dijo...
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